Joan Manuel Serrat fue despedido con frenesí tras su concierto del miércoles por la noche en la capital mexicana, por más de 10.000 espectadores que le gritaron «Bravo, maestro» varias veces y ante quienes recordó a dos grandes de la cultura mexicana, el comediante Mario Moreno «Cantinflas» y el cantante José Alfredo Jiménez. Del humorista más venerado de este país recordó su famosa frase «Ahí está el detalle» y de Jiménez, autor de «El Rey», cantó su famosa melodía «Un mundo raro», aunque también tuvo tiempo para entonar al final «Las Golondrinas», la clásica pieza mexicana de las despedidas que hizo derramar algunas lágrimas entre los espectadores.
En una velada llena de evocaciones, recordó sus conciertos en el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cuando leía al conocido cartonista y crítico de la cultura Eduardo del Río «Rius». Durante su concierto de dos horas, en el que interpretó unas 30 canciones, se dio tiempo para criticar a las grandes farmacéuticas por su «falta de generosidad» al negarse a «liberar las patentes de las vacunas» contra el Covid-19. Al recordar sus 56 años de carrera y en el marco de su gira internacional de despedida iniciada en Nueva York el pasado 27 de abril, llamada «El vicio de cantar 1965-2022», señaló que en algún momento se imaginó ser parte de un titular del periódico «Alarma», un popular tabloide que solía publicar hace algunas décadas noticias alarmantes y sangrientas. «Cantautor de éxito descubierto abusando de una mujer cartón-piedra», señaló desatando las risas del público. «Por eso he decidido irme con dignidad antes de que las cosas puedan pasar de este modo», afirmó y señaló que piensa «llegar al final, por mucho que ustedes se empeñen en que mis emociones se desborden». «Este especialmente es un hecho irrepetible y, por tanto, pienso bebérmelo hasta el límite», indicó Serrat. «Que quede claro que el de esta noche no va a ser mi último concierto» en México, porque «queda el de mañana, pero en el caso probable y deseable que no lleguemos al final del concierto, siempre podrán presumir: ‘yo estuve ahí, yo le vi caer», afirmó con humor negro. «De modo que, en previsión de hechos desagradables, guarden ustedes sus entradas porque no se les va a devolver el importe», agregó. En otro momento donde desplegó su gran capacidad para hacer reír a los demás, habló de la reina Isabel II de Inglaterra y dijo que «le falta ginebra para conservarse». En la parte musical, rindió homenaje a los 80 años del poeta Miguel Hernández, a quien musicalizó varias de sus creaciones, e hizo levantarse de sus sillas a miles de personas al cantar piezas clásicas de su repertorio como «Cantares» y «No hago otra cosa que pensar en ti».
Otras piezas que provocaron una gran algarabía fueron «Hoy puede ser un gran día» y «Mediterráneo», en las cuales desplegó una gran energía e incluso bailó, a pesar de reconocer que, a sus 78 años, tiene «molidas las rodillas», aunque se le veía vigoroso, lleno de vitalidad, recorriendo el escenario de un lado a otro sin parar ni un momento. Sólo de vez en cuando se sentaba en una silla en un flanco del escenario, junto a una mesa y a un lado de la orquesta que lo acompañaba. Los boletos para su segundo concierto en el Auditorio Nacional de la capital mexicana, el foro musical más importante del país, previsto para este jueves, se encuentran totalmente agotados. «Esta gira no es una despedida. Los quiero volver a ver a todos en la cara, sin cubrebocas, en cualquier plano que venga después de la vida», afirmó siempre sonriente. También reveló que desde su casa seguirá componiendo temas e incluso planea grabar un disco, pues según su concepto «hacer una canción es como café con leche, una vez juntas la letra y la música nunca más podrán separarse. Ahí es cuando la música habla y la letra canta», señaló. (ANSA).













