La actriz francesa Marion Cotillard se pone en la piel de Juana de Arco en una ópera en el Teatro Real que cuenta con una distópica puesta en escena de Álex Ollé (La Fura dels Baus). Al estreno, ayer, acudieron numerosas personalidades del cine como Pedro Almodóvar, Aitana Sánchez Gijón, Fernando León de Aranoa y Ángela Molina. En total se ofrecen hasta el 17 de junio ocho funciones de «Juana de Arco en la Hoguera», que ya fue estrenada en la Ópera de Frankfurt en 2017. Cotillard recupera un papel que ya interpretó en 2005. «Fue alguien con una fuerza increíble que le llevó a hacer cosas extraordinarias. Tenía una fe más fuerte que las convenciones, lo que le llevó a quitarse las cadenas que ataban a las mujeres: todos tenemos algo que aprender de ella, hombres y mujeres», dijo la actriz en la rueda de prensa de presentación de la obra. «Mi madre (Niseema Theillaud) ya representó este papel a principios de los años 80 y cuando lo vi, me pareció que era algo que se podía hacer solo una vez en la vida», añadió. La actriz francesa comparte reparto con el actor Sébastien Dutrieux (Padre Dominique), las sopranos Sylvia Schwartz (La Virgen) y Elena Copons (Marguerite), la mezzosoprano Enkelejda Shkoza (Santa Catherine), y el tenor Charles Workman (Porcus) en los papeles principales. La puesta en escena es un mundo acopalíptico inspirado en un futuro próximo, que muestra una sociedad feudalizada como en la Edad Media y personajes antropomórficos. Juana de Arco va recordando de forma desordenada momentos de su vida en un doble flashback por el que desfilan un juez-cerdo, un fiscal-burro, un jurado de ovejas y una masa de hombres bestializados. Estrenada como oratorio en 1938 en Basilea, «Juana de Arco en la hoguera» fue pensada por el poeta francés Paul Claudel y Arthur Honegger para la escena, a la que llegó en 1941 en Lyon. Con dirección musical de Juanjo Mena, en el Teatro Real la obra de Honegger viene precedida por «La damoiselle élue», de Claude Debussy, que ilustra un poema de Dante Grabiel Rossetti. La damoiselle «vuela como un alma que asciende a la presencia de Dios. De algún modo es el alma de Juana tras su ejecución en la hoguera, en el instante en que, tras el horror, halla la paz», explicaba Ollé. El director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, apuntó que «todo transcurre en la mente de Juana, una joven contemporánea por la que es fácil sentir compasión y hacer propia la indignación por la injusticia de la que es objeto».
(ANSA).













